
Yo también sigo emocionándome, pero de otra manera. Ya no me importa para nada si me traen algo o no (excepto imagino si me encontrara una bateria de cocina o una aspiradora, entonces me saldría el lado más feminista y saldría a la terraza buscando a semejantes fantoches....). Lo que verdaderamente me importa es acertar con los regalos. Es ver que disfrutan los peques, que sus piececillos se quedan helados de correr de un lado a otro de la casa de tanta emoción contenida, de pensar que no faltará ni una dichosa piececilla o tornillo que fustre sus ganas de coger ese regalo, que mi pareja esté feliz con el suyo, que en definitiva disfruten ellos y yo con sus caras.
Yo he tenido una infancia muy feliz. Mis padres no eran pudientes económicamente hablando, pero siempre "`pedían" muchos juguetes a los Reyes. Era su extra, con nosotros. Ahora lo entiendo. Yo hago lo mismo. Me hipoteco con una felicidad que el mes de febrero, cuando la visa ya hierve, se queda temblando. Pero a mi plim! todo me parece poco, soy una mamá tremendamente consumista. Es mi defecto. Que le voy a hacer...
Tengo que prepararme, la cavalgata nos espera mañana... Tengo que reconocer que aún me ilusiona.. ¿será que confio en la magia? que cursi soy madre....
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