martes, 26 de marzo de 2013

LAS COSAS NO NACEN SOLAS

Hoy he tenido la suerte de ir con una mami del cole de mis hijos, junto con los mios y los suyos también, a visitar los invernaderos que tienen. Yo, necesitaba unas plantas lindas para poner en el jardín de la casa que tenemos en la Floresta y que queremos alquilar de nuevo. Hemos decidido mejorarla un poco, arreglando cositas, cambiando otras y como no, acondicionando el jardín. Ya hace dos dias que viene un hombre a echar unas horas ( un riñon cuesta claro...) y la verdad está haciendo un trabajo estupendo. Pero a mi me apetece darle un toque bucólico, así que qué mejor que plantar flores y plantas. Es mala suerte que me gusten tanto y yo sea tan mala jardinera. Planta que toco, planta que mato... en fin, yo erre que erre sigo....
Como sabia que el papi del mejor amigo de mi peque se dedica a esto de la flor, pues le consulté si podia ir a comprar. ¡Por supuesto! me dijeron con gran simpatia y alli me he ido. 
Vivo en Vilassar de Mar, un pueblo costero de Barcelona donde el cultivo de la flor es una economía muy importante en la zona. Se dice que hay microclima (excepto para las de mi jardin, digo yo...). El Mercat de Catalunya de Flor i Ornamentació està aqui. Estoy acostumbrada a abrir la ventana de mi dormitorio y ver muchisimos invernaderos en la parte alta del pueblo. Verde, toldo, más verde... pero nunca imaginé este mundo de cerca.
Margaritas que me ha regalado Rut esperando ser replantadas
Me he sentido, cuando me iba adentrando en las zonas de cultivo con el coche, como si hubiese cambiado, no de provincia, si no de pais. Gente trabajando el campo, recogiendo flor, con su piel tostada, africanos asiendo los tallos con fuerza, cajas de flores por todos lados y un olor... olor a vida, a flor, a naturaleza. Todo esto a menos de un km de casa. Hace más de 15 años que vivo aqui pero nunca me adentré tanto. Era como un terreno privado. Alli solo van los que tienen tierras. Los de aqui. Pero hoy lejos de sentirme incómoda por la intrusión de una urbanita como yo, me sentia entusiasmada como una niña. Bajar del coche, observar tanta y tanta planta junta, entrar en el invernadero de los jazmines, oler, casi marearme de tan intenso aroma... las margaritas apretadas con una flor como la que os muestro, estaba enamorada de todo el paisaje. Pero me ha hecho reflexionar:
vivimos en una burbuja donde pensamos que la carne viene ya envasada de la granja, la verdura cortada y lavada, las flores con macetero, el vino en botella....
Todo tiene su proceso. Pero en el dia a dia, nos olvidamos de que hay mucha gente trabajando para que cuando alarguemos la mano a la nevera del Mercadona, esté la carne, el embutido, la leche...
Para que cuando nazca un bebé tengamos ese ramo de flores estupendo en la floristeria de la esquina.
Me he sentido que me estaba perdiendo algo. Y justo me lo han mostrado a menos de 1km de casa...

Gracias Ruth por tu generosidad, acogida y por mostrarme un pedacito de vida tan cerca de casa.

6 comentarios:

joan gasull dijo...

coneixem coses que estan molt llunyanes i de vegades no sabem que hi ha al costat de casa

kira permanyer dijo...

cert, i sobretot no ens aturem a pensar com han arribat al costat nostre....

Irene dijo...

La verdad que de vez en cuando deberiamos parar de nuestra rutina y volver hacia atrás para valorar lo que tenemos en casa. Incluso para enseñarles a nuestros hijos lo que es el campo, la ganaderia,la huerta.... Has hecho una reflexión bien bonita.

kira permanyer dijo...

Gracias Irene. Coincido contigo 100%. Parte de esta reflexion deberia formar parte del dia a dia de nuestro trabajo como padres.

Ana María dijo...

Cada día que pasa doy gracias a Dios por vivir rodeada de eucaliptos, con las montañas frente a los ventanales de mi casa y el mar a un paso.

Cuando cae la noche, suelo escuchar el ulular de las lechuzas y, ahora que acabamos de inaugurar la primavera, espero ansiosa, como el pasado año, ver las evolucions subterráneas de los topos bajo el limonero y el camelio.

Hace meses que no compro el pan en la panadería, pues un panadero rural, con su furgoneta amarilla, me lo deja colgadito de la verja. La misma verja en la que, de tarde en tarde, me encuentro (primorosamente colocaditos en una bolsa) diez o doce huevos de gallinas camperas que mis vecinas tienen a bien regalarme.

La vida rural no es para todo el mundo, Kira aunque yo, que he vivido en la gran ciudad, en ciudades más pequeñas, pueblos y pueblines, me resisto a estas alturas de la vida (como parecer exigirme la empresa para la que trabajo) a volver al cemento, el estrés urbanita y las prisas.

Preciosa casa. Seguro que esas margaritas quedarán de lujo. Un besazo grande desde el Norte y felices vacaciones.

Ana.

kira permanyer dijo...

Que lindo comentario Ana... me dan ganas de tomarme un té humeante o una limonada helada, según el dia, contigo...

SE ACABÓ!

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